Atestiguar Compasivamente. #queserindatumadre. Parte 3.

“Esta es una era mediática e interconectada sin precedentes. Es como si todos y todas fuéramos espectadores. No. No somos espectadores. Somos testigos. Eso conlleva un compromiso. Atestiguar compasivamente no implica únicamente abstenernos de los vicios que conlleva la era tecnológica del nuevo milenio. Implica una acción comprometida, transformadora, no violenta pero sí valiente y coherente.”

Durante las últimas dos semanas, quise dedicarme a hablar sobre el concepto de “Atestiguar Compasivamente”: esta decisión de observar y actuar sobre nuestra realidad para transformar y no exacerbar la violencia. Había pensado en hacerlo en tres partes: la primera sobre la relación compasiva con uno mismo (que no, no es lo mismo que la autocompasión). Segundo, la escucha activa, el atestiguar compasivamente sin resolverle los problemas a las personas (que no, no es pasividad). Hoy quería hablar sobre cómo hacemos esto desde nuestra participación cívica y comunitaria. Cómo observamos la violencia y nos hacemos partícipes como ciudadanos, pero sin incurrir en violencia nosotros mismos. Creo que más que una afirmación, es una pregunta.

Y entonces el fin de semana pasado trascendió lo que se está viviendo en Nicaragua. Mi mamá es de Estelí. Hemos pasado al pendiente de las noticias y muy consternadas. Continue reading “Atestiguar Compasivamente. #queserindatumadre. Parte 3.”

Serenidad. Tan necesaria. Ojo, no es pasividad.


Transcripción aproximada de este episodio (con pequeñas adiciones):

Serenidad no es pasividad. Serenidad es desprendimiento e integridad. ¿Cuál es el lugar de la serenidad en medio de la locura de la vida cotidiana, o en relación a los temas sociales y políticos tan llenos de urgencia que nos rodean? Una persona tiene serenidad cuando se reconcilia con sus limitaciones y cuando encuentra coherencia entre lo que piensa y la forma en la que se proyecta al mundo.

Quise iniciar esta temporada del podcast con la guía de la famosa “Oración de la Serenidad”, que se ha dado a conocer principalmente por su uso en grupos de doce pasos. No se sabe bien de dónde surgió. En 1941, en una página de obituarios del New York Herald Tribune, el texto decía:

Madre—que Dios me conceda la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia. Adiós.

Así que opté por dedicar los primeros tres episodios de esta tercera temporada a la Serenidad, a la Valentía y a la Sabiduría. Inicié la semana pasada con el tema de la Valentía. Hoy quisiera hablar sobre la Serenidad.

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